La tienda soviética de divisas de Tallin que puede desaparecer

La tienda soviética de divisas de Tallin que puede desaparecer

En el centro de Tallin, la capital de Estonia, se alza un edificio que durante décadas pasó casi desapercibido para la mayoría de los transeúntes: un bloque de ladrillo marrón, sin apenas ventanas y con paredes curvas, situado junto al gran almacén Stockmann. Se trata de la antigua tienda de divisas de la época soviética, conocida en estonio como Turist pood, un edificio cuya historia refleja las contradicciones del sistema soviético y cuyo futuro está hoy en disputa.

El edificio ha sido protagonista de un vídeo de la serie See ongi Tallinn («Esto es Tallin»), un proyecto divulgativo impulsado por Joosep Vimm, político joven y concejal del Ayuntamiento de Tallin que ha estudiado historia contemporánea y relaciones internacionales en las universidades de Tallin y Estocolmo. Con más de 40 vídeos publicados, la serie ofrece curiosidades históricas en estonio acompañadas de fotografías de archivo sobre distintos lugares y edificios de la ciudad.

Un encargo soviético inspirado en la arquitectura escandinava

El proyecto del edificio fue encargado por las autoridades soviéticas a finales de la década de 1960 a los arquitectos Peep Jänes y Henno Seppmann. Tanto el diseño exterior como el interior se inspiraron en la obra del arquitecto finlandés Alvar Aalto, figura fundamental del modernismo escandinavo del siglo XX. Al igual que el célebre Hotel Viru de Tallin, el edificio fue construido por una empresa constructora finlandesa y con materiales importados en su mayor parte desde Finlandia, algo llamativo teniendo en cuenta que Estonia era entonces una república integrada en la Unión Soviética.

El objetivo inicial era inaugurar el edificio a tiempo para la regata de los Juegos Olímpicos de 1980, pero las casas de madera que ocupaban el solar —construidas en 1889 por el comerciante Gustav Blauberg— no pudieron derribarse a tiempo. El Turist finalmente abrió sus puertas en 1983.

El interior era considerado moderno para la época: tres niveles a modo de balcones que se abrían hacia un atrio central de gran altura, un techo de color dorado y, en la planta superior, una pequeña galería de arte y un bar.

Una tienda solo para privilegiados en la era soviética

La apariencia casi ciega del edificio, sin ventanas visibles desde la calle, no era casual. Las autoridades soviéticas querían que la actividad que se desarrollaba en su interior no llamara la atención de la clase trabajadora. En la Unión Soviética, poseer divisas extranjeras era un delito penal para los ciudadanos ordinarios, y la tienda vendía productos que la mayoría de la población no podía adquirir ni con el dinero que tenía permitido usar.

Solo podían acceder al establecimiento los turistas extranjeros y determinadas personas privilegiadas, cuyos ingresos procedentes del exterior el Estado convertía en unos vales especiales de compra. Eran esos vales los que servían como moneda de pago dentro de la tienda, manteniendo así la ficción de que las divisas no circulaban entre la población local.

De banco y discoteca a posible rascacielos

Tras la recuperación de la independencia de Estonia, el edificio albergó un banco, diversas tiendas y una sucesión de locales de ocio nocturno bajo distintos nombres. En 1997 fue adquirido por una promotora inmobiliaria, a partir de lo cual su protección arquitectónica se convirtió en el centro de una disputa que se prolongó durante aproximadamente dos décadas. En el conflicto participaron la autoridad municipal de licencias de obra, el Ministerio de Cultura, la Muinsuskaitseamet —el organismo estatal de protección del patrimonio histórico de Estonia— y los propietarios, en distintas instancias administrativas y judiciales.

Tras los años de crisis provocados por la pandemia, los propietarios parecen haber obtenido finalmente la autorización legal necesaria para demoler el edificio y sustituirlo por un rascacielos de 34 plantas con apartamentos, oficinas y locales comerciales. En el solar contiguo, la construcción de un edificio de 16 plantas ya está en marcha y avanza hacia su altura definitiva, transformando poco a poco el perfil de este céntrico enclave de la capital estonia.

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